¿Ineficiente en tu trabajo? Un consejo práctico para producir más

Autor: | Posteado en Internet Sin comentarios

Leer en formato r�pido. Parte del c�digo: OpenSpritz

Vivimos en una comunidad cada vez mas hiperconectada en la que, gracias a la tecnología, logramos crear mas y mas cosas en cualquier lugar pero, curiosamente, tenemos menos tiempo para hacerlas. “No tengo tiempo” parece haberse transformado en un mantra para varias personas.

Estamos rodeados de dispositivos que constantemente están creando ruiditos por las incesantes notificaciones de WhatsApp, correos electrónicos, anuncios de redes sociales y otras aplicaciones. Queremos estar reportados de todo y saber qué ocurre rápidamente y además contestar tan veloz como sea posible, casi como si participásemos en un concurso.

Tenemos la sensación de que, sobre todo pensando en el ámbito laboral, responder veloz demuestra dedicación, seriedad, fiabilidad y, en general, que somos buenos profesionales. En parte es cierto (no voy a negar que tener una respuesta a una consulta que envio en un breve plazo me gusta) pero, por otra parte, poco a poco empezamos, inclusive inconscientemente, a exigir esa rapidez en las contestaciones y ya no las vemos como algo bueno sino algo normal y, la no-inmediatez como algo malo.

Ineficiente en tu trabajo

Ineficiente en tu trabajo

Hiperconectado

Hiperconectado

El dilema además es que todas estas interrupciones alteran la concentración en la labor que se realiza, lo que demora su finalización en la mayor parte de los casos. Esto me recuerda una historia:

Hay un cuento oriental que dice que un leñador joven quería el titulo del preferible cortador de árboles del país, para lo que debía vencer en un torneo al vigente campeón, un individuo de avanzada edad y con enorme experiencia. Un dia por fin se decidió a desafiarlo, confiando en su juventud, energía y músculos. La competición consistía en visualizar quién talaba mas árboles en un cierto plazo temporal.

Ambos leñadores, el joven y el veterano, tras oír la señal de comienzo, sacaron sus hachas y empezaron a cortar árboles. El aspirante golpeaba con energía su hacha una y otra vez, abatiendo árbol tras árbol. De vez en cuando dirigía una vistazo al anciano leñador y, casi siempre, lo encontraba parado y sentado en un tronco. “Está viejo –pensaba para sí mismo- el titulo de preferible leñador del país es mío”.

Tras varias horas, volvió a sonar una campana indicando el final de la competición. Llegaba el instante del recuento. El joven leñador, confiando en su victoria, se secaba el sudor emocionado pensando en qué crear con el titulo de preferible leñador del país. La fama, el reconocimiento y la fortuna le estaban esperando.

Enorme fue su sorpresa cuando informaron oficialmente que el ganador era el vigente campeón por una amplia ventaja. “No puede ser” –pensó y dijo en voz alta el joven- “Yo he visto como mientras yo talaba mas y mas árboles, él –dirigiéndose al veterano leñador- estaba sentado sin crear nada, descansando”.

-¿Cómo que estaba sin crear nada? –respondió suavemente con una sonrisa-. Todas las veces que me veías sentado, era porque estaba afilando el hacha. Como sabrás, con un hacha afilada cuesta muchísimo menos sacrificio talar un árbol…

¿Cuánto hace que no afilas tu hacha?

Afilando el hacha

Afilando el hacha

Imágenes Shutterstock: 1, 2, 3.


Blog de ChristianDvE (Beta)



El mejor truco del día para Android


Todo material (imágenes, texto y vídeo) para crear este artículo, pertenece a la Fuente Original que aparece arriba.

(No hemos eliminado ningún enlace original)

También puedes revisar estas noticias relacionadas.

Agrega tu comentario